Goyena


[septiembre 2018]

Este mes se cumplen 10 años que estoy en Buenos Aires.

Nunca me acostumbré al hacinamiento de la ciudad.

Ahora vivo en un edificio viejo, de clase trabajadora, algo desvencijado. A la hora de la comida, se inunda de olores caseros.

El departamento tiene un pasillo abierto. Siempre da el sol y veo las estrellas por la noche. Cuando llueve, se mojan las puertas y las paredes.

En Goyena, como le llamamos al lugar en donde vivo, te cagás de calor en verano, y de frío en invierno. Eso te pone en tu lugar, y no extrañás las mieles del capitalismo moderno.

Es la casa de un amigo. Convivo con su biblioteca, la más viva e inteligente que he visto.

Actualmente, el departamento de abajo está desocupado. Mi vecina del piso se va de vacaciones. Me siento como cuando era adolescente y mis viejos nos dejaban solos en casa.

Es un aislado y extraño lugar en medio de Caballito. Lo más parecido a vivir en el pueblo que me pasó en estos 10 años.

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