Pasaron Cabreras, mudanzas (se fue el de Mudanzas), Carlitos-Pulsos-yCirujas, muza con fainá en lo de Pirilo, hostilidades, hospitalidades, hostilidades pateadura, hospitalidades arrumaco. Vinieron las letras. Las latinas y las otras. Con sus pilchas. Con más decisión y se me colgaron de los hombros. Se achican las paredes, se agranda el espacio. Ese espacio. El del puntito borroso que se agita allá lejos. Sigue la estampa oxidada y declina la tosudez. Ya como oda a la inconstancia. Empeora al extremo verde del bronce a la interperie. ¡Pobre camarola! Le dio cosita y se hizo la otaria: miró para otro lado mientras le metía, en libidinosa actitud, la mano bajo la falda a su nieta y ajustó el pulso unos segundos para el punto del crochet. Tejió algunos reflejos insolentes de bienvenida al patio de los que juegan con cantariola (y "a la pagar"). Conmenoración del año y 9 días que no visitaba el barrio. (toma en papel: camarola "Heraldo Celestino", Kodak formato 6X9 105...