Con olor a spray
Los grises personajes de figura amachimbrada (como dice uno de esos tangos no tan malevos) echamos mano a procedimientos que disimulen nuestra estrechez poética. Por obstinados e insistentes, hay que reconocer que estas incursiones en el terreno de la impericia no hacen otra cosa que posicionarnos —léase gratamente— en el pedestal de la retaguardia del arte. Adhiero con vehemencia, como fundador de la Liga de Aspirantes al Gran Angular, a esta sustitución de la mano del creador por la de los artefactos que todo lo hacen. Pero de aquellos que tienen vida propia. Mi camarola llegó tarde al «autmático y con flash», pero la achacosa señora tiene un encanto que sólo llega con el tiempo. Ella entiende de estos pobres tipos que en pecaminosa terquedad agreden su entorno intentando chuparle un cacho de luz. Y con esmero y calidez devuelve al ruin operario una viñeta del mundo que ella conoció en sus años mozos, como lo hiciera la temblorosa y delicada letra de las bellas damas que nos han teni...